lunes, 9 de octubre de 2017

¡Póngase sereno y apunte bien; va a matar a un hombre!

El contorno de su rostro mirando el cortejo fúnebre de los caídos en el sabotaje del barco Le Coubre por parte de la CIA, un contorno obtenido a partir de una foto de Alberto Korda, es una de las imágenes más reproducidas del mundo. Cosas de la mitificación, pero también de la capacidad absorente del capitalismo.

Hoy, la prensa y las radios y las televisiones del país, como del mundo entero, irán dando cuenta, sumándose a ella, de la conmemoración de la muerte del Che. El 9 de octubre de 1967, el sargento Mario Terán no apuntó demasiado bien en su primera ráfaga contra el comandante revolucionario y solo consiguió ponerse sereno al disparar la segunda, ya con los ojos abiertos.

No escribo estas líneas para resumir por enésima vez lo que, en principio, es harto conocido o fácilmente conocible: la lucha por la panrrevolución socialista, el éxito —o no— del caso cubano y su camaradería —o no— con Fidel, la responsabilidad última de la CIA —o no— en la decisión de ejecutarlo. Félix Rodríguez estaba allí, sin duda; pero tras tantas disyuntivas de posibles noes, acaso lo conocible y lo conocido no sean tan fáciles.

Escribo porque he recordado que el cadáver del Che permaneció en exhibición pública durante los dos días siguientes al de su muerte y que las mujeres todas, legas y religiosas, advirtieron y proclamaron un evidente parecido con Jesucristo. Son muchas las fotografías que se tomaron entonces al caído y, a poco que veamos alguna, no podemos por menos que estar de acuerdo con la evidente similitud —de la cual, hay quien incluso ha creado icono con aspiración simbólica—.

Pues bien, ha sido al paso de este recuerdo que ha acudido a mi cabeza otra semejanza iconográfica, que paso a detallar.


A la izquierda, el famoso cuadro de Rembrandt, La lección de anatomía del doctor Tulp, obra que retrata a los miembros del gremio de cirujanos reunidos en una clase práctica de disección, costumbre habitual en aquellas fechas para demostrar la sabiduría de Dios al crear al hombre. Debajo de este párrafo, la famosa fotografía para evidenciar la muerte del Che que los militares colombianos encargaron a Freddy Alborta. La semejanza es evidente hasta en algunos detalles: el doctor Tulp con su sombrero, reflejo de su cargo, mostrando una parte del cadáver con su mano derecha tiene su equivalente en el oficial boliviano con sus medallas y galones —le faltan las pinzas, claro—; ni el doctor ni sus siete estudiantes miran al espectador, como ninguno de los ocho militares mira a la cámara. Ahora bien, con las expresiones de sorpresa, atención o entusiasmo, Rembrandt logra subrayar la naturalidad de la escena que pinta; en la fotografía, sin embargo, parece que no hay sino apatía e indolencia en los rostros. Paradójicamente, la única mirada que se dirige al objetivo es la del cadáver, y el espectador tiende así, de forma natural, a identificarse con él —un efecto, sin duda, contrario al que pretendieran los militares al encargar el testimonio gráfico—. Inevitablemente, entonces, uno piensa: «yo también prefiero morir de pie, a vivir arrodillado».


Muchas son las obras de indudable valor artístico que tienen como referencia a Ernesto Che Guevara. Quisiera no despedir este escrito sin mencionar siquiera un par de fragmentos de sendas canciones que a menudo me acompañan:

De Ismael Serrano:                                                            De Nicolás Guillén (cantado por Paco Ibáñez):

Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita                                     Él fue tu mejor amigo,
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,                                 soldadito boliviano,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,                              él fue tu amigo de a pobre
y cómo desde aquel día todo parece más feo.                                      del Oriente al altiplano.

Y, ya puestos, he aquí otra analogía: la habida entre una de las escasas imágenes en color que existen del cadáver del Che y el famoso cuadro de Mantegna, El Cristo muerto:


ADENDAS: Me he decidido a rescatar, del deterioro que causan el abandono y el olvido, algunas entradas subidas en su día al antiguo blog de A contraluz. A menudo, los refritos habrán de sufrir modificaciones, bien para adecuarlos al presente, bien para recuperar enlaces truncados o imágenes perdidas. Tal es el caso de esta entrada.

Concluido el artículo en su día, supe que mi original analogía no era tal, sino poco menos que trillado asunto, en el que, por supuesto, tenía propósito de ahondar. El escritor inglés John Berger ya había comparado —y otros lo hicieron tras él— la fotografía de Alborta y el cuadro de Rembrandt. Incluso un argentino afincado en Nueva York, Leandro Katz, había realizado un documental sobre Freddy Alborta y su famosa fotografía, en el cual, según fuentes consultadas, se menciona la analogía. De momento, no he podido conseguir el documental.

jueves, 3 de agosto de 2017

La extraña no violencia

Si alguien saca su navaja en la calle y raja los neumáticos de nuestra bicicleta, tenderemos a pensar que es un gamberro (por tildarlo de alguna manera suave) y que su comportamiento es violento.

No sé cuántos de quienes leáis lo hasta aquí dicho estaréis en desacuerdo con ello; pero, seáis pocos o muchos, lo sepáis o no, sois simpatizantes de la CUP, por lo menos, a tenor de la legitimación que de las últimas acciones de la gamberrorganización Arran han llevado a cabo los cuperos.

En el párrafo inicial, no he trazado una analogía, sino que he expuesto los hechos en sí. Veamos sus dos verdades. 

En primer lugar, las bicicletas cuyas ruedas fueron rajadas son, efectivamente, nuestras. Al menos, yo tiendo a pensar en ellas como un servicio de transporte público como lo puedan ser el autobús o el metro.

En segundo lugar, la acción es decididamente violenta. Podemos discutir si lo es en mayor o menor grado, pero es violenta.¿Quién se pasea por la calle con una navaja en el bolsillo? ¿Alguien enseña a sus hijos a pinchar las ruedas de las bicis de los vecinos con los que no estemos de acuerdo para poder así presionarlos e intentar que adopten nuestro parecer? Actitud violenta; no creo que haya mucha discusión. Y ello, sin necesidad de entrar a valorar otras violentas soplapolleces como las perpetradas en el puerto de Palma o contra el autobús turístico en Barcelona. Hagámoslo, empero.

A los cuatro valientes planoencefalogramáticos de Arran y a sus desdramatizadores bromacolegas de la CUP, puede parecerles inocuo pintarrajar un autobús, acaso porque no ponderan suficientemente lo que puede pesar anímicamente el hecho en un niño, por ejemplo. O en un anciano o en unos padres a cargo de su bebé o a un enfermo del corazón... O, en definitiva, a una persona cualquiera que está al día de la precaria seguridad ciudadana simplemente porque es alguien que acostumbra a leer la prensa, escuchar la radio o ver los telenoticias. Me imagino a mí mismo a bordo de un autobús turístico visitando Viena o Berlín junto a mi mujer y mis tres hijos, cuando, de repente, cuatro encapuchados o cuatro enmascarados interrumpen a la fuerza la marcha del autobús y comienzan a escribir sobre la carrocería y sobre las lunas, en un idioma que desconozco, grandes letras de lo que parece (por el contexto extralingüistico) una consigna política, religiosa tal vez. Todo divertidísimo, qué duda cabe. Les habré agradecido eternamente que me hayan proporcionado una emocionante anécdota que contar en alguna que otra aburrida tertulia nocturna.

Seguro que hay mejores formas de mostrar desacuerdo. No me gustan quienes rajan y pintarrajan a la fuerza. No me gusta quienes fuerzan y violentan.

jueves, 5 de enero de 2017

La cabalgata vigitana


Ayer fui al cine a satisfacer mi desmesurada cinefilia galáctica viendo Rogue One, el paraepisodio de la saga Star Wars. Como cabía esperar, disfruté de la película. Y, hasta aquí, la crítica cinematográfica de esta entrada. Lo que me interesa destacar de la sesión de ayer es uno de esos tantísimos anuncios que, en la actualidad, preceden a la proyección de los grandes estrenos de la temporada; se trata del anuncio íntegro de Campofrío en su campaña navideña Hijos del entendimiento, en el cual se nos presenta a una serie de parejas sentimentales cuyos miembros antagónicos imponen en sus vidas la comprensión por encima de la intolerancia. Un podemita y una pepera; un antitaurino y una taurina; una creyente y un ateo...; un independentista catalán y una españolista convencida son los matrimonios que el espectador reconoce como reales y no ficticios. 

Es probable que, sin deteriorar su longeva relación, el indepe y la españolísima anden hoy polemizando controladamente sobre la cabalgata de Reyes que TV3 retransmitirá dentro de pocas horas desde Vich. De ser así —hay quienes dudarán de ello; al menos, aquellos que critican el anuncio de Campofrío arguyendo el oxímoron del "exceso de tolerancia"—, algo podríamos aprender de ellos, sin duda.

Si prestamos atención a la prensa o, sobre todo, a las redes sociales —a este respecto, resulta ilustrativo seguir en Twitter la etiqueta #ReyesSinEstelada— comprenderemos hasta qué punto la sinrazón invade el terreno propio de la razón, esto es, el diálogo; el debate; la polémica, incluso. No existe ya apenas el interés por convencer al otro; mucho menos por tratar de comprenderlo. El único interés radica en dar rienda suelta a la iracundia, a menudo sin ni siquiera anteponer los límites de la falta de respeto y la ofensa.

En esencia, quienes se sienten alarmados —cuán eufemística me ha quedado la adjetivación— por los farolillos de la próxima cabalgata en Vich suelen esgrimir como argumento lo infame que resulta la manipulación de la infancia con fines ideológicos. Y así pueden leerse aberraciones como la que escribe @Zooropina: «Mucho "Dret a decidir" pero les arrancan de cuajo a los niños el derecho a la infancia. Miserables sin escrúpulos». O lo que escribe @AngelBaena5: «Lo que está haciendo el separatismo catalán con los niños es exactamente lo mismo que hizo Hitler en la Alemania Nazi».

Claro que, a esta línea de ataque, se opone otra de defensa en consonancia con lo que viene siendo la tónica del debate político en nuestro país, es decir, el "y tú qué" o "y tú más". Es entonces cuando, tirando desacertadamente de ironía, vemos aulas llenas de niños con banderas españolas o vemos a la Leti rodeada asimismo de numerosos niños con banderas españolas. ¿Qué esperamos que lleven?, ¿las del Reino de Lesoto, tal vez?, ¿las del de Bután, acaso? Lo cierto es que este tipo de contraargumento podría resultar acertado si la intención de quien lo arguye es la de equiparar dos normalidades; sin embargo, mucho me temo que lo que subyace sea algo así como "pues para adoctrinamiento, el vuestro", lo cual, si mucho no me equivoco, es tanto como conceder al otro parte de razón en su crítica. Un hecho que sustenta mi temor es que, en ciertas fotografías, la bandera que muestran los pequeños es la preconstitucional —¿por qué seguiremos denominando así, de manera tan laxa, a la que claramente es fascista, dictatorial, antidemocrática...?—. Otras analogías con algo más de acierto, pero igualmente concesivas a mi entender, pasan por ofrecer imágenes que asocian a los niños con las armas en ciertos encuentros con el ejército. He visto incluso la referencia a una cabalgata de Reyes a cargo de la Legión.

No obstante, la más contundente de las comparaciones es la que me ha hecho llegar en un wasap uno de mis amigos de toda la vida a quienes tanto quiero. Se trata de una imagen en la que un niño acaba de recoger de una cabalgata de Reyes unos caramelos en cuyo envoltorio cerúleo se leen las enormes siglas del Partido Popular. Y me parece de mayor acierto que el resto, en primer lugar, porque la carga ideológica no es de identificación patriótica con una u otra bandera, sino de color político; y en segundo lugar, porque la "doctrina" viene de la organización, no de los asistentes.

Seamos sinceros, si uno es españolista o independentista, monárquico o republicano, merengue o culé..., la camiseta con que vista a su hijo, la gorra con que cubra su cabeza o la banderita que le ponga en la mano llevarán los colores correspondientes a la propia filiación. Y salvo que mediante presión se le niegue al hijo en algún momento de su vida el derecho a elegir, lo que estaremos haciendo no será manipularlo, sino educarlo.

Serenemos un poco el ánimo y pensemos cuál puede ser el motivo de la discordia, porque —sigamos siendo sinceros— lo de la cabalgata es la enésima y no última excusa que nos buscaremos para escupirnos a la cara los respectivos sentimientos nacionalistas. Yo creo que todo se resume en el hecho de que TV3 va a retransmitir la cabalgata. Hace ya casi un lustro que los vigitanos —quienes quieren; quienes no, no— guían a SS. MM. hasta sus casas con farolillos estelados. Pero, claro, la trascendencia de tal costumbre reciente es limitada; sin embargo, si la televisión pública catalana lo difunde al conjunto de la sociedad, el eco se multiplica enormemente. Acaso la discusión debería ser esta, la de si la decisión de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals es acertada; esto es, si es o no neutra, objetiva, considerando que el año de la emisión es este 2017 en que se ha fechado un posible inicio de desconexión estatal. Quizá por aquí, encontraremos la tibieza con la que un orador de lengua y pensamiento afilados como Rufián habla del asunto, llegando a conceder que ello le «chirría» y que él «no lo haría».

En fin, ideologías al margen, en última instancia, a mí, lo que no deja de sorprenderme es que, en todo este asunto de los Reyes Magos, el problema sea la estrella.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Adiós a Cohen



Supe del fallecimiento de Leonard Cohen al tiempo que del de Francisco Nieva: por la mañana temprano, antes de acudir al instituto a impartir la primera clase del día. Poco después, ya en el aula, entre mis alumnos, no pude evitar compartir con ellos la luctuosa noticia. Era consciente de que Nieva no sería para ellos más que el perfecto desconocido cuyo apellido, coincidente casi enteramente con el de una alumna, tal vez retengan sus compañeros durante largo tiempo o para siempre. A Leonard Cohen, sin embargo, alguno habría que lo conocería. Y efectivamente, alguno hubo —gracias al gusto musical de sus padres, por supuesto—. Intenté que todos comprendieran la magnitud de su arte y aproveché para hablarles de nuestro famoso Lorca, más afamado, si cabe, gracias al cantautor.

Al final de la digresión, extraje el móvil de mi bolsillo y busqué una canción en YouTube, como la he buscado hoy para iniciar esta entrada. No elegí, sin embargo, el eco lorquiano de "Take this waltz". Elegí "Hallelujah", consciente de que la mayoría de alumnos conocerían la canción gracias a la versión de Rufus Wainwright incluida en la banda sonora de la película Shrek. Subí el volumen multimedia del teléfono, alcé al cielo la mano y les pedí a todos que guardasen conmigo un respetuoso minuto de música.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Inasistencia colectiva


Estudiante de secundaria en clara actitud reivindicativa durante la jornada de huelga de hoy, a la que se ha adherido. Por supuesto.

Hace un par de semanas, refiriéndome veladamente a este 26-O, pregunté a mis alumnos de 4.º de ESO cuántos sabían algo acerca de una posible huelga de estudiantes. Ninguno de ellos levantó la mano; nadie sabía nada. A renglón seguido, les pregunté quiénes de ellos estaban seguros de que seguirían la convocatoria, caso de producirse. Todos, sin excepción, levantaron la mano.

Estadísticamente, la huelga estudiantil de hoy debe de estar siendo todo un éxito. Al menos, en el instituto en que yo trabajo, lo es. No hay más que mirar las aulas vacías de la mayoría de pasillos.

Pese a ello, socialmente, dejará mucho que desear. No hay más que echarle un vistazo a la imagen que ilustra este escrito para comprender que, humor mediante, no está lejos de la realidad. Sí, sin duda, habrá estudiantes de secundaria que sepan que han sido movilizados por el SE, pero no por el SEPC; que también hay padres que se movilizan, la CEAPA, y otros que no, la FaPaC. Seguramente, incluso, habrá estudiantes que sepan por qué son movilizados; es más, sé fehacientemente que hay algún estudiante que, sin llegar a saber el sentido de la reivindicación de hoy, es capaz de aducir algo así como «Profe, todo esto es por eso de las reválidas franquistas», lo cual no querrá decir ni que tenga claro el significado y alcance de reválida ni, si me apuran, el de franquista.

Obviamente, no es la primera vez que me topo con esta situación. Mis alumnos de 4.º de ESO de hoy fueron mis alumnos de 3.º de ESO ayer, y ya secundaron masivamente entonces cuanta convocatoria de huelga hubo durante el curso, incluso alguna que casi nadie convocó y que casi nadie siguió. E, igual que no es la primera vez, también es cierto que no ha de ser la última. La indolencia adolescente en cuanto a sensibilidad social es supina y, por supuesto, se extiende a los bachilleres, sin excepción, aunque con una diferencia: en bachillerato, a menudo sucede que los alumnos de la modalidad científica sí acuden con normalidad a las clases. Ahora bien, no se trata de que el científico en cierne —durante la universidad, seguirá siendo así— sea un ser más reflexivo y no secunde la huelga por no estar de acuerdo con las reivindicaciones que la causen —su indolencia es la misma—; se trata de que la preocupación por el estudio es más intensa y no se permite a sí mismo un día de descanso, seguramente porque es más esclavo que otro bachiller —humanístico o social— de la explicación del profesor.

Resulta descorazonador, pero el derecho a huelga que tanto ha costado alcanzar al trabajador, un derecho a huelga que cobra doloroso sentido como medida última y desesperada del trabajador ante una injusticia laboral, se prostituye inevitablemente con cada estudiante que hoy se derrenga perezosamente en el sofá de su casa tratando de hacer equivocadamente suyo un derecho que ni siquiera le pertenece. Ojalá el azar no permita que el estudiante indolente de hoy haya de ser mañana el trabajador que ha de dejarse parte de su insuficiente mensualidad en reclamar lo que le pertenece. Por el momento, ley en mano, ni siquiera tiene el derecho que prostituye: lo que hoy lleva a cabo él y casi todos los demás no es una huelga, sino una inasistencia colectiva a clase.

domingo, 23 de octubre de 2016

Cuestión de aspectos


El infinitivo es, sin remedio, una forma verbal de aspecto imperfectivo, mientras que la perífrasis estar + part. es perfectiva. Mas aún: resultativa.

De ahí que enamorarse pueda ser engañoso. Es preferible estar enamorado.

lunes, 17 de octubre de 2016

La respuesta está en el viento

De mi vida, guardo recuerdos cuya banda sonora la pone Bob Dylan. En algún momento, incluso, mi entusiasmo por su música corrió parejo a mi fervor stoniano. Sin embargo, he de reconocer que no me parece una buena elección la que la Academia Sueca ha tomado.

Como profesor de literatura que soy, no necesito ser convencido de que las letras de canciones poseen carácter literario —no todas, claro—. Hace ya algunos milenios que la poesía nació bajo el embrujo de la música, hecho que ha ido perpetuándose a través de los tiempos y renaciendo con cada eclosión de una nueva lengua. Nadie duda, por ejemplo, de que las primeras manifestaciones artísticas, esto es, literarias, de las lenguas romances —castellano, catalán, gallego, francés...— fueron en forma de canciones que, efectivamente, se cantaban ante cualquier oportunidad que la vida brindase: fiestas, ceremonias, trabajo... Es más, todavía hoy, perdida ya la melodía, la única diferencia sustantiva entre la prosa y el verso radica en el marcado ritmo de este frente a aquella.

Por otro lado, he de admitir que, entre mis poemas favoritos, se encuentran letras de canciones de Serrat, de Llach, de Sabina, de Cohen..., de Dylan. Más aún, no mentiría mucho si dijese que difícilmente puede encontrarse mayor tristeza artística en el amor que la expresada en la letra de cualquier bolero, o mayor desgarro pasional que el contenido en la letra de cualquier tango. Escuchando un tango, uno puede llegar a querer abrir lentamente sus venas para verter toda la sangre a pies de la mujer amada. Y morir después.

Con todo, suelo tener la sensación de que, desprovistas de música, desnudas blanco sobre negro, las letras de las canciones se resienten, flaquean; y ello es algo que, contrariamente, no me ha sucedido nunca con poemas musicados. Pienso por ejemplo en el Machado o en el Miguel Hernández de Serrat, nunca devaluados y cuyos poemas aprendí cantándolos en silencio mientras sonaban por la megafonía de aquel lejano colegio de primaria al formar filas en el patio para acceder ordenadamente a las aulas. Recientemente, gracias a Lourdes Domènech, he leído un artículo de Daniel Gascón en el que se hace referencia a cierto episodio de la película Annie Hall; en él, el personaje de Woody Allen —quien, en este ejemplo, viene a ser trasunto mío— escucha cómo una entusiasta recitadora —quien viene a ser trasunto de la Academia Sueca— declama unos versos de “Just Like a Woman” que, a él, le resultan banales sin la música. Y, como bien apunta el periodista: «Esto no es un demérito sino un indicio obvio» de que lo que Dylan hace son canciones.

Hay siempre un poco o un mucho de hipérbole en alabanzas como la que el poeta Henderson dedicó a la canción "Like a rolling stone" al decir que, más que canción, era toda una epopeya. O como la que otro poeta, Nicanor Parra, apuntó al asegurar que apenas tres versos de "Tombstone Blues" son suficientes para merecer el Nobel. Evidentemente, no estoy de acuerdo en que ello defina la calidad del cantante o de su obra, pues se trata más de entusiasmo que de crítica objetiva. Pero acaso ni el mismísimo Dylan estará de acuerdo, si hemos de dar crédito a su legendaria renuncia a ser denominado poeta.

jueves, 5 de mayo de 2016

En el lado positivo

Tal día como hoy, hace exactamente un año, visité la UAB acompañando a mis alumnos de último año de enseñanza obligatoria y, al transitar entre según qué paredes o sentarme en según qué silla, un escalofrío emocional erizaba mi vello y granulaba mi piel. Después de todo —a pesar de que son innúmeras las realidades que o bien no llegan a cuajar como recuerdo o bien, tras conseguirlo, acaban desapareciendo en la letrina del olvido arrastradas por el paso de los años— la memoria del hombre es una eficaz potencia del alma, capaz de alimentarse de las escasas migajas vivenciales que vamos acumulando.

En cierto momento de la visita, Lucía, una exalumna mía de hace más de un lustro, ahora universitaria de tercer año —espero; entonces lo era de segundo—, se acercó a saludarme, y ese momento de corporeidad me permitió rescatarla de la indefinición de mi memoria. Algunos de mis tutorizados, a quienes acompañaba en aquel instante, asistieron al reencuentro con curiosidad, e, inevitablemente, acabé preguntándome por a cuántos de ellos acabará la vida alejando lo suficiente como para que los engullan el tiempo y el desagradecido olvido. Lo ignoro, claro; aunque, tal como anda de maltrecha mi aristotélica potencia anímica, mucho me temo que hayan de ser demasiados. También ignoro, obviamente, de cuántos acabaré no formando parte en sus memorias. En fin, supongo que lo deseable es que, si en alguna persisto, sea en el lado positivo.

lunes, 21 de marzo de 2016

Primavera y poesía


Muy a menudo, primavera y poesía van de la mano. Por un lado, sucede que casi todo el mundo identifica —reduccionismo simplista mediante— poesía con poesía lírica, y poesía lírica con poesía amorosa. Por otro lado, la primavera es considerada unánimemente, según recurrencia de la emoción humana, como la estación del amor. Acaso lo uno y lo otro no sean sino lugares comunes de nuestra cultura; pero, en cualquier caso, helos siempre ahí.

Muy a menudo también, además de ir de la mano, nos vienen de la mano, pues el 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía y la fecha más habitual del equinoccio de primavera septentrional. No en vano, las Naciones Unidas declararon que el día en que la naturaleza inicia su florecimiento fuese el día en que se conmemorase también «el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona».

Este año, sin embargo, la primavera ha venido —nadie sabe cómo ha sido— un día antes que la poesía. Bien…, qué más da; lo que importa es que una y otra se nos instalen en las entrañas para todo el año. Y vuelta a empezar.

Celebremos el advenimiento con el viejo requiebro becqueriano:

¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul;
¿Qué es poesía...? ¿Y tú me lo preguntas?
¡Poesía... eres tú!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Estrella Cervantes: nuestra cultura, ya en las estrellas

Que Cervantes es luciente estrella literaria es sabido de todos; que Cervantes es, además, fulgente estrella sideral puede ser sabido ya, a partir de ahora.

La propuesta ‘Estrella Cervantes’, la cual os invitaba a impulsar en el artículo anterior, competía con otras seis opciones de diversos países (Portugal, Italia, Colombia y Japón) para renombrar el sistema planetario μ Arae, situado a 49,8 años luz de distancia en la constelación Ara. Desde el 12 de agosto y hasta el 31 de octubre estuvieron abiertas las votaciones a través de internet, para todo el mundo y con la única limitación de un voto por dispositivo (ordenador, teléfono, tableta…), salvo excepciones debidamente justificadas.

El resultado, hecho público ayer por la Unión Astronómica Internacional, no deja lugar a dudas: la propuesta ha conseguido 38.503 votos, un 69% del total de los registrados para este sistema planetario. Ha sido, además, la propuesta que ha registrado más votos válidos entre las más de 200 propuestas del conjunto del concurso. Desde ahora, por tanto, los nombres de Cervantes, Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea pueden usarse en paralelo a la nomenclatura científica ya existente.

El concurso NameExoWorlds de la Unión Astronómica Internacional (IAU) —a autoridad responsable para asignar nombres oficiales a los objetos celestes— ha supuesto la primera ocasión en la que el público en general ha podido participar en la elección de los nombres para estrellas y exoplanetas. Y las cifras hablan por sí mismas: se podía elegir entre un total de 274 nombres propuestos por organizaciones astronómicas de 45 países, y se han recibido más de medio millón de votos (573.242 exactamente), procedentes de 182 países. España ha sido el tercer país en porcentaje de participación, solo por detrás de la India y de Estados Unidos.

Javier Gorgas, presidente de la Sociedad Española de Astronomía, destacaba, tras conocer la noticia, que “divulgadores y profesionales de la astronomía, medios de comunicación, humanistas y amantes de la literatura hemos trabajado juntos con un único fin: poner a Cervantes y a sus personajes en el lugar que les correspondía entre las estrellas. Don Quijote y sus compañeros nos han ayudado a proclamar que existen muchos más mundos en el universo, y por el camino hemos reivindicado que la ciencia juega un papel central en la cultura y hemos constatado una vez más la pasión del público en general por la astronomía”.

Benjamín Montesinos, punto de contacto en España de la IAU para Divulgación de la Astronomía, expresaba así su alegría por el resultado: “Ha sido todo un placer y un honor para un astrónomo manchego como yo haber podido contribuir a poner a Cervantes y sus personajes en el cielo. Cuando releamos el Quijote, podremos imaginar a Clavileño volando y acercándose a la estrella Cervantes y a los planetas Dulcinea, Quijote, Rocinante y Sancho. Un lujo.”

La noticia del nombre de Cervantes para una estrella —propuesta que se debe al Planetario de Pamplona y la Sociedad Española de Astronomía, con el apoyo del Instituto Cervantes— llega a punto de iniciarse el Año Cervantino 2016, en conmemoración del cuadringentésimo aniversario de la muerte del escritor. En este contexto, se están preparando diversas actividades de divulgación sobre la estrella Cervantes y la detección de exoplanetas, que previsiblemente incluirán varias conferencias y la producción de una película para planetarios.

domingo, 25 de octubre de 2015

Estrella Cervantes: llevar nuestra cultura a las estrellas


    En un lugar de la constelación Ara, en torno a una estrella sin un nombre propio, solo conocida por la letra μ, cuatro planetas trazan sus trayectorias. Alrededor de un autor de fama universal, también giran sus cuatro personajes principales. Nos proponemos elevar a Cervantes a la condición de un Apolo galáctico, dando su nombre a la estrella central del sistema, mientras que don Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea se transfiguran en su escolta planetaria. Quijote (μ Arae b), el protagonista, en una órbita algo excéntrica, como corresponde a su carácter, junto a su fiel compañero Rocinante (μ Arae d), en el centro de la escena. El bueno de Sancho (μ Arae e), el ingenioso escudero, moviéndose lentamente por las ínsulas exteriores del sistema. La Dulcinea encantada (μ Arae c), tan difícil de contemplar para don Quijote en su verdadera forma, cerca del corazón del escritor.
    La importancia de Miguel de Cervantes en la cultura universal no puede ignorarse. Su obra principal, el Quijote, considerada la primera novela moderna de la literatura mundial y uno de los libros más influyentes en todo el canon literario, ha sido calificada en numerosas ocasiones como la mejor obra de ficción jamás escrita. Sin embargo, mientras que, por ejemplo, Shakespeare ya tiene nombres de sus personajes como satélites de Urano, Cervantes ha sido hasta ahora excluido de las esferas cósmicas. Con esta propuesta, apoyada por el prestigioso Instituto Cervantes, y llegada justo a tiempo para celebrar el 400.º aniversario de la publicación de la segunda parte de la novela, reclamamos para el famoso caballero de la Mancha, sus compañeros y su creador el lugar que se merecen entre las estrellas.

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    ¿Y es posible conseguir que una estrella se llame Cervantes y sus planetas Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho?
    CLARO QUE SÍ.

    La Unión Astronómica Internacional ha abierto un proceso mundial para recibir propuestas y votar cómo se llamarán 20 nuevos sistemas planetarios que se han descubierto estos últimos años. El proceso comenzó a gestarse hace más o menos un año y esta propuesta ha sido presentada oficialmente por el Planetario de Pamplona y apoyada por la Sociedad Española de Astronomía (SEA) y el Instituto Cervantes para nombrar a la estrella μ Arae y a sus cuatro exoplanetas con el nombre de Cervantes y los de los principales personajes de su novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

    ¿Qué hay que hacer?

    Necesitamos tu ayuda. Para votar esta propuesta que finaliza el 31 de este mes, inscríbete y sigue el procedimiento en este enlace (en inglés):
    #YoEstrellaCervantes

    jueves, 24 de julio de 2014

    He can never have enough of his most beautiful girl in the world


    Tras cada abrazo, existe una pequeña necesidad emocional. Muy a menudo, más de quien lo da que de quien lo recibe.



    NOTA: Hace ya un tiempo que guardé esta suerte de pensamiento despeinado entre los borradores para este blog. Hoy, al ver en Twitter la fotografía que encabeza la entrada, lo he recordado; pues, a su luz, el sentido que encierra se magnifica cruda, descarnadamente.

    miércoles, 23 de abril de 2014

    Adiós a Vergès


    Este año, no he escrito ni refrito entrada alguna para conmemorar la Diada de Sant Jordi, pero recuerdo que la publicada en 2013 concluía con una suerte de breve adenda que contenía una igualmente breve enumeración de escritores de renombre, todos los cuales fallecieron un 23 de abril de distintos años. Anoche, luctuosamente, vino a sumarse a esta nomenclatura el insigne poeta catalán Gerard Vergès.

    D. E. P.

    Transcribo a continuación un lírico poema de suave tono melancólico que, desde que lo oyese por primera vez de labios de mi mujer, siempre ha figurado entre mis predilectos:

    MAIG D’AMOR

    Són certes les paraules que vam dir-nos,
    certa la primavera del teu cos
    i cert l’espill d’amor dels teus ulls negres.

    Suau plovia sobre el bosc tendríssim
    de pins i diminutes margarides.
    Sols el silenci, sols nosaltres sols.

    D’aquí a molts anys potser recordaràs
    que algú, algun dia, et va estimar moltíssim.
    I et pujarà a la gola una dolçor
    com una immensa mel, com una música.
    La mateixa dolçor que ara jo sento
    recordant-te en la meva soledat.

    Res no val tant com un instant d’amor.

    lunes, 31 de marzo de 2014

    jueves, 20 de marzo de 2014

    Primavera

    Floración del cerezo en el Jerte (IV) ©, por Jnj

    (17.57 h)

    "La primavera ha venido,
    nadie sabe cómo ha sido".
       Antonio Machado    

    Para nuestros papis culturales, los romanos, solo había dos tiempos en los que dividir el año, esto es, dos estaciones: una, muy prolongada; y la otra, breve. La primera debía su mayor extensión a que estaba compuesta por la suma de lo que hoy llamamos primavera, verano y otoño, mientras que la más breve correspondía al invierno, entonces llamado hibernum tempus, propiamente, 'tiempo hibernal'. Ver / veris, a su vez, era la palabra con que se aludía a esa otra estación mucho más prolongada, y su significado, propiamente, era el de 'primavera'; aunque como veremos enseguida, andado el tiempo, dio lugar a nuestra voz verano. No obstante, en determinado momento, antes de que el latín se vistiese definitivamente de castellano  —y de catalán y de francés...—, el comienzo de esta larga estación se llamó primo vere ‘primer verano’, y, más tarde, prima vera, de donde, finalmente, brotó nuestra primavera. Fue por entonces también que la época más calurosa, por oposición al hibernum tempus, tomó el nombre de veranum tempus, literalmente, ‘tiempo primaveral’, aunque de ahí, mediante elipsis del término contiguo, nace nuestro verano, como de la otra, por idéntica causa lingüística, surge invierno.

    Con todo, a pesar de este desmembramiento, la estación cálida todavía era más prolongada, hasta que, en cierto momento, su período final, correspondiente al tiempo de las cosechas, fue llamado autumnus, voz derivada de auctus ‘aumento’, ‘crecimiento’, ‘incremento’, que procedía, a su vez, de augere ‘acrecentar, robustecer’. El vocablo latino autumnus es el que se aclimató en nuestra lengua como otoño.

    De toda esta intrincada nomenclatura estacional —que lo fue más hasta el siglo XVI, pues vino a colarse, en el intervalo entre primavera y verano, el estío—, quedan vestigios en nuestra lengua. Cónfer, verbigracia, el adjetivo vernal, el cual se aplica con igual rigor al solsticio, para señalar 'verano', que al equinoccio, para señalar 'primavera'.

    Por cierto, ya que en estas de la etimología andamos: qué descriptiva voz esa con que adviene la primavera: equinoccio, donde equi- 'igual' y noccio 'noche', pues, por hallarse el Sol sobre el Ecuador, la noche dura igual que el día.

    Feliz primavera a todos.