domingo, 13 de noviembre de 2016

Adiós a Cohen



Supe del fallecimiento de Leonard Cohen al tiempo que del de Francisco Nieva: por la mañana temprano, antes de acudir al instituto a impartir la primera clase del día. Poco después, ya en el aula, entre mis alumnos, no pude evitar compartir con ellos la luctuosa noticia. Era consciente de que Nieva no sería para ellos más que el perfecto desconocido cuyo apellido, coincidente casi enteramente con el de una alumna, tal vez retengan sus compañeros durante largo tiempo o para siempre. A Leonard Cohen, sin embargo, alguno habría que lo conocería. Y efectivamente, alguno hubo —gracias al gusto musical de sus padres, por supuesto—. Intenté que todos comprendieran la magnitud de su arte y aproveché para hablarles de nuestro famoso Lorca, más afamado, si cabe, gracias al cantautor.

Al final de la digresión, extraje el móvil de mi bolsillo y busqué una canción en YouTube, como la he buscado hoy para iniciar esta entrada. No elegí, sin embargo, el eco lorquiano de "Take this waltz". Elegí "Hallelujah", consciente de que la mayoría de alumnos conocerían la canción gracias a la versión de Rufus Wainwright incluida en la banda sonora de la película Shrek. Subí el volumen multimedia del teléfono, alcé al cielo la mano y les pedí a todos que guardasen conmigo un respetuoso minuto de música.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Inasistencia colectiva


Estudiante de secundaria en clara actitud reivindicativa durante la jornada de huelga de hoy, a la que se ha adherido. Por supuesto.

Hace un par de semanas, refiriéndome veladamente a este 26-O, pregunté a mis alumnos de 4.º de ESO cuántos sabían algo acerca de una posible huelga de estudiantes. Ninguno de ellos levantó la mano; nadie sabía nada. A renglón seguido, les pregunté quiénes de ellos estaban seguros de que seguirían la convocatoria, caso de producirse. Todos, sin excepción, levantaron la mano.

Estadísticamente, la huelga estudiantil de hoy debe de estar siendo todo un éxito. Al menos, en el instituto en que yo trabajo, lo es. No hay más que mirar las aulas vacías de la mayoría de pasillos.

Pese a ello, socialmente, dejará mucho que desear. No hay más que echarle un vistazo a la imagen que ilustra este escrito para comprender que, humor mediante, no está lejos de la realidad. Sí, sin duda, habrá estudiantes de secundaria que sepan que han sido movilizados por el SE, pero no por el SEPC; que también hay padres que se movilizan, la CEAPA, y otros que no, la FaPaC. Seguramente, incluso, habrá estudiantes que sepan por qué son movilizados; es más, sé fehacientemente que hay algún estudiante que, sin llegar a saber el sentido de la reivindicación de hoy, es capaz de aducir algo así como «Profe, todo esto es por eso de las reválidas franquistas», lo cual no querrá decir ni que tenga claro el significado y alcance de reválida ni, si me apuran, el de franquista.

Obviamente, no es la primera vez que me topo con esta situación. Mis alumnos de 4.º de ESO de hoy fueron mis alumnos de 3.º de ESO ayer, y ya secundaron masivamente entonces cuanta convocatoria de huelga hubo durante el curso, incluso alguna que casi nadie convocó y que casi nadie siguió. E, igual que no es la primera vez, también es cierto que no ha de ser la última. La indolencia adolescente en cuanto a sensibilidad social es supina y, por supuesto, se extiende a los bachilleres, sin excepción, aunque con una diferencia: en bachillerato, a menudo sucede que los alumnos de la modalidad científica sí acuden con normalidad a las clases. Ahora bien, no se trata de que el científico en cierne —durante la universidad, seguirá siendo así— sea un ser más reflexivo y no secunde la huelga por no estar de acuerdo con las reivindicaciones que la causen —su indolencia es la misma—; se trata de que la preocupación por el estudio es más intensa y no se permite a sí mismo un día de descanso, seguramente porque es más esclavo que otro bachiller —humanístico o social— de la explicación del profesor.

Resulta descorazonador, pero el derecho a huelga que tanto ha costado alcanzar al trabajador, un derecho a huelga que cobra doloroso sentido como medida última y desesperada del trabajador ante una injusticia laboral, se prostituye inevitablemente con cada estudiante que hoy se derrenga perezosamente en el sofá de su casa tratando de hacer equivocadamente suyo un derecho que ni siquiera le pertenece. Ojalá el azar no permita que el estudiante indolente de hoy haya de ser mañana el trabajador que ha de dejarse parte de su insuficiente mensualidad en reclamar lo que le pertenece. Por el momento, ley en mano, ni siquiera tiene el derecho que prostituye: lo que hoy lleva a cabo él y casi todos los demás no es una huelga, sino una inasistencia colectiva a clase.

domingo, 23 de octubre de 2016

Cuestión de aspectos


El infinitivo es, sin remedio, una forma verbal de aspecto imperfectivo, mientras que la perífrasis estar + part. es perfectiva. Mas aún: resultativa.

De ahí que enamorarse pueda ser engañoso. Es preferible estar enamorado.

lunes, 17 de octubre de 2016

La respuesta está en el viento

De mi vida, guardo recuerdos cuya banda sonora la pone Bob Dylan. En algún momento, incluso, mi entusiasmo por su música corrió parejo a mi fervor stoniano. Sin embargo, he de reconocer que no me parece una buena elección la que la Academia Sueca ha tomado.

Como profesor de literatura que soy, no necesito ser convencido de que las letras de canciones poseen carácter literario —no todas, claro—. Hace ya algunos milenios que la poesía nació bajo el embrujo de la música, hecho que ha ido perpetuándose a través de los tiempos y renaciendo con cada eclosión de una nueva lengua. Nadie duda, por ejemplo, de que las primeras manifestaciones artísticas, esto es, literarias, de las lenguas romances —castellano, catalán, gallego, francés...— fueron en forma de canciones que, efectivamente, se cantaban ante cualquier oportunidad que la vida brindase: fiestas, ceremonias, trabajo... Es más, todavía hoy, perdida ya la melodía, la única diferencia sustantiva entre la prosa y el verso radica en el marcado ritmo de este frente a aquella.

Por otro lado, he de admitir que, entre mis poemas favoritos, se encuentran letras de canciones de Serrat, de Llach, de Sabina, de Cohen..., de Dylan. Más aún, no mentiría mucho si dijese que difícilmente puede encontrarse mayor tristeza artística en el amor que la expresada en la letra de cualquier bolero, o mayor desgarro pasional que el contenido en la letra de cualquier tango. Escuchando un tango, uno puede llegar a querer abrir lentamente sus venas para verter toda la sangre a pies de la mujer amada. Y morir después.

Con todo, suelo tener la sensación de que, desprovistas de música, desnudas blanco sobre negro, las letras de las canciones se resienten, flaquean; y ello es algo que, contrariamente, no me ha sucedido nunca con poemas musicados. Pienso por ejemplo en el Machado o en el Miguel Hernández de Serrat, nunca devaluados y cuyos poemas aprendí cantándolos en silencio mientras sonaban por la megafonía de aquel lejano colegio de primaria al formar filas en el patio para acceder ordenadamente a las aulas. Recientemente, gracias a Lourdes Domènech, he leído un artículo de Daniel Gascón en el que se hace referencia a cierto episodio de la película Annie Hall; en él, el personaje de Woody Allen —quien, en este ejemplo, viene a ser trasunto mío— escucha cómo una entusiasta recitadora —quien viene a ser trasunto de la Academia Sueca— declama unos versos de “Just Like a Woman” que, a él, le resultan banales sin la música. Y, como bien apunta el periodista: «Esto no es un demérito sino un indicio obvio» de que lo que Dylan hace son canciones.

Hay siempre un poco o un mucho de hipérbole en alabanzas como la que el poeta Henderson dedicó a la canción "Like a rolling stone" al decir que, más que canción, era toda una epopeya. O como la que otro poeta, Nicanor Parra, apuntó al asegurar que apenas tres versos de "Tombstone Blues" son suficientes para merecer el Nobel. Evidentemente, no estoy de acuerdo en que ello defina la calidad del cantante o de su obra, pues se trata más de entusiasmo que de crítica objetiva. Pero acaso ni el mismísimo Dylan estará de acuerdo, si hemos de dar crédito a su legendaria renuncia a ser denominado poeta.

jueves, 5 de mayo de 2016

En el lado positivo

Tal día como hoy, hace exactamente un año, visité la UAB acompañando a mis alumnos de último año de enseñanza obligatoria y, al transitar entre según qué paredes o sentarme en según qué silla, un escalofrío emocional erizaba mi vello y granulaba mi piel. Después de todo —a pesar de que son innúmeras las realidades que o bien no llegan a cuajar como recuerdo o bien, tras conseguirlo, acaban desapareciendo en la letrina del olvido arrastradas por el paso de los años— la memoria del hombre es una eficaz potencia del alma, capaz de alimentarse de las escasas migajas vivenciales que vamos acumulando.

En cierto momento de la visita, Lucía, una exalumna mía de hace más de un lustro, ahora universitaria de tercer año —espero; entonces lo era de segundo—, se acercó a saludarme, y ese momento de corporeidad me permitió rescatarla de la indefinición de mi memoria. Algunos de mis tutorizados, a quienes acompañaba en aquel instante, asistieron al reencuentro con curiosidad, e, inevitablemente, acabé preguntándome por a cuántos de ellos acabará la vida alejando lo suficiente como para que los engullan el tiempo y el desagradecido olvido. Lo ignoro, claro; aunque, tal como anda de maltrecha mi aristotélica potencia anímica, mucho me temo que hayan de ser demasiados. También ignoro, obviamente, de cuántos acabaré no formando parte en sus memorias. En fin, supongo que lo deseable es que, si en alguna persisto, sea en el lado positivo.

lunes, 21 de marzo de 2016

Primavera y poesía


Muy a menudo, primavera y poesía van de la mano. Por un lado, sucede que casi todo el mundo identifica —reduccionismo simplista mediante— poesía con poesía lírica, y poesía lírica con poesía amorosa. Por otro lado, la primavera es considerada unánimemente, según recurrencia de la emoción humana, como la estación del amor. Acaso lo uno y lo otro no sean sino lugares comunes de nuestra cultura; pero, en cualquier caso, helos siempre ahí.

Muy a menudo también, además de ir de la mano, nos vienen de la mano, pues el 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía y la fecha más habitual del equinoccio de primavera septentrional. No en vano, las Naciones Unidas declararon que el día en que la naturaleza inicia su florecimiento fuese el día en que se conmemorase también «el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona».

Este año, sin embargo, la primavera ha venido —nadie sabe cómo ha sido— un día antes que la poesía. Bien…, qué más da; lo que importa es que una y otra se nos instalen en las entrañas para todo el año. Y vuelta a empezar.

Celebremos el advenimiento con el viejo requiebro becqueriano:

¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul;
¿Qué es poesía...? ¿Y tú me lo preguntas?
¡Poesía... eres tú!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Estrella Cervantes: nuestra cultura, ya en las estrellas

Que Cervantes es luciente estrella literaria es sabido de todos; que Cervantes es, además, fulgente estrella sideral puede ser sabido ya, a partir de ahora.

La propuesta ‘Estrella Cervantes’, la cual os invitaba a impulsar en el artículo anterior, competía con otras seis opciones de diversos países (Portugal, Italia, Colombia y Japón) para renombrar el sistema planetario μ Arae, situado a 49,8 años luz de distancia en la constelación Ara. Desde el 12 de agosto y hasta el 31 de octubre estuvieron abiertas las votaciones a través de internet, para todo el mundo y con la única limitación de un voto por dispositivo (ordenador, teléfono, tableta…), salvo excepciones debidamente justificadas.

El resultado, hecho público ayer por la Unión Astronómica Internacional, no deja lugar a dudas: la propuesta ha conseguido 38.503 votos, un 69% del total de los registrados para este sistema planetario. Ha sido, además, la propuesta que ha registrado más votos válidos entre las más de 200 propuestas del conjunto del concurso. Desde ahora, por tanto, los nombres de Cervantes, Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea pueden usarse en paralelo a la nomenclatura científica ya existente.

El concurso NameExoWorlds de la Unión Astronómica Internacional (IAU) —a autoridad responsable para asignar nombres oficiales a los objetos celestes— ha supuesto la primera ocasión en la que el público en general ha podido participar en la elección de los nombres para estrellas y exoplanetas. Y las cifras hablan por sí mismas: se podía elegir entre un total de 274 nombres propuestos por organizaciones astronómicas de 45 países, y se han recibido más de medio millón de votos (573.242 exactamente), procedentes de 182 países. España ha sido el tercer país en porcentaje de participación, solo por detrás de la India y de Estados Unidos.

Javier Gorgas, presidente de la Sociedad Española de Astronomía, destacaba, tras conocer la noticia, que “divulgadores y profesionales de la astronomía, medios de comunicación, humanistas y amantes de la literatura hemos trabajado juntos con un único fin: poner a Cervantes y a sus personajes en el lugar que les correspondía entre las estrellas. Don Quijote y sus compañeros nos han ayudado a proclamar que existen muchos más mundos en el universo, y por el camino hemos reivindicado que la ciencia juega un papel central en la cultura y hemos constatado una vez más la pasión del público en general por la astronomía”.

Benjamín Montesinos, punto de contacto en España de la IAU para Divulgación de la Astronomía, expresaba así su alegría por el resultado: “Ha sido todo un placer y un honor para un astrónomo manchego como yo haber podido contribuir a poner a Cervantes y sus personajes en el cielo. Cuando releamos el Quijote, podremos imaginar a Clavileño volando y acercándose a la estrella Cervantes y a los planetas Dulcinea, Quijote, Rocinante y Sancho. Un lujo.”

La noticia del nombre de Cervantes para una estrella —propuesta que se debe al Planetario de Pamplona y la Sociedad Española de Astronomía, con el apoyo del Instituto Cervantes— llega a punto de iniciarse el Año Cervantino 2016, en conmemoración del cuadringentésimo aniversario de la muerte del escritor. En este contexto, se están preparando diversas actividades de divulgación sobre la estrella Cervantes y la detección de exoplanetas, que previsiblemente incluirán varias conferencias y la producción de una película para planetarios.

domingo, 25 de octubre de 2015

Estrella Cervantes: llevar nuestra cultura a las estrellas


    En un lugar de la constelación Ara, en torno a una estrella sin un nombre propio, solo conocida por la letra μ, cuatro planetas trazan sus trayectorias. Alrededor de un autor de fama universal, también giran sus cuatro personajes principales. Nos proponemos elevar a Cervantes a la condición de un Apolo galáctico, dando su nombre a la estrella central del sistema, mientras que don Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea se transfiguran en su escolta planetaria. Quijote (μ Arae b), el protagonista, en una órbita algo excéntrica, como corresponde a su carácter, junto a su fiel compañero Rocinante (μ Arae d), en el centro de la escena. El bueno de Sancho (μ Arae e), el ingenioso escudero, moviéndose lentamente por las ínsulas exteriores del sistema. La Dulcinea encantada (μ Arae c), tan difícil de contemplar para don Quijote en su verdadera forma, cerca del corazón del escritor.
    La importancia de Miguel de Cervantes en la cultura universal no puede ignorarse. Su obra principal, el Quijote, considerada la primera novela moderna de la literatura mundial y uno de los libros más influyentes en todo el canon literario, ha sido calificada en numerosas ocasiones como la mejor obra de ficción jamás escrita. Sin embargo, mientras que, por ejemplo, Shakespeare ya tiene nombres de sus personajes como satélites de Urano, Cervantes ha sido hasta ahora excluido de las esferas cósmicas. Con esta propuesta, apoyada por el prestigioso Instituto Cervantes, y llegada justo a tiempo para celebrar el 400.º aniversario de la publicación de la segunda parte de la novela, reclamamos para el famoso caballero de la Mancha, sus compañeros y su creador el lugar que se merecen entre las estrellas.

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    ¿Y es posible conseguir que una estrella se llame Cervantes y sus planetas Dulcinea, Rocinante, Quijote y Sancho?
    CLARO QUE SÍ.

    La Unión Astronómica Internacional ha abierto un proceso mundial para recibir propuestas y votar cómo se llamarán 20 nuevos sistemas planetarios que se han descubierto estos últimos años. El proceso comenzó a gestarse hace más o menos un año y esta propuesta ha sido presentada oficialmente por el Planetario de Pamplona y apoyada por la Sociedad Española de Astronomía (SEA) y el Instituto Cervantes para nombrar a la estrella μ Arae y a sus cuatro exoplanetas con el nombre de Cervantes y los de los principales personajes de su novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

    ¿Qué hay que hacer?

    Necesitamos tu ayuda. Para votar esta propuesta que finaliza el 31 de este mes, inscríbete y sigue el procedimiento en este enlace (en inglés):
    #YoEstrellaCervantes

    jueves, 24 de julio de 2014

    He can never have enough of his most beautiful girl in the world


    Tras cada abrazo, existe una pequeña necesidad emocional. Muy a menudo, más de quien lo da que de quien lo recibe.



    NOTA: Hace ya un tiempo que guardé esta suerte de pensamiento despeinado entre los borradores para este blog. Hoy, al ver en Twitter la fotografía que encabeza la entrada, lo he recordado; pues, a su luz, el sentido que encierra se magnifica cruda, descarnadamente.

    miércoles, 23 de abril de 2014

    Adiós a Vergès


    Este año, no he escrito ni refrito entrada alguna para conmemorar la Diada de Sant Jordi, pero recuerdo que la publicada en 2013 concluía con una suerte de breve adenda que contenía una igualmente breve enumeración de escritores de renombre, todos los cuales fallecieron un 23 de abril de distintos años. Anoche, luctuosamente, vino a sumarse a esta nomenclatura el insigne poeta catalán Gerard Vergès.

    D. E. P.

    Transcribo a continuación un lírico poema de suave tono melancólico que, desde que lo oyese por primera vez de labios de mi mujer, siempre ha figurado entre mis predilectos:

    MAIG D’AMOR

    Són certes les paraules que vam dir-nos,
    certa la primavera del teu cos
    i cert l’espill d’amor dels teus ulls negres.

    Suau plovia sobre el bosc tendríssim
    de pins i diminutes margarides.
    Sols el silenci, sols nosaltres sols.

    D’aquí a molts anys potser recordaràs
    que algú, algun dia, et va estimar moltíssim.
    I et pujarà a la gola una dolçor
    com una immensa mel, com una música.
    La mateixa dolçor que ara jo sento
    recordant-te en la meva soledat.

    Res no val tant com un instant d’amor.

    lunes, 31 de marzo de 2014

    jueves, 20 de marzo de 2014

    Primavera

    Floración del cerezo en el Jerte (IV) ©, por Jnj

    (17.57 h)

    "La primavera ha venido,
    nadie sabe cómo ha sido".
       Antonio Machado    

    Para nuestros papis culturales, los romanos, solo había dos tiempos en los que dividir el año, esto es, dos estaciones: una, muy prolongada; y la otra, breve. La primera debía su mayor extensión a que estaba compuesta por la suma de lo que hoy llamamos primavera, verano y otoño, mientras que la más breve correspondía al invierno, entonces llamado hibernum tempus, propiamente, 'tiempo hibernal'. Ver / veris, a su vez, era la palabra con que se aludía a esa otra estación mucho más prolongada, y su significado, propiamente, era el de 'primavera'; aunque como veremos enseguida, andado el tiempo, dio lugar a nuestra voz verano. No obstante, en determinado momento, antes de que el latín se vistiese definitivamente de castellano  —y de catalán y de francés...—, el comienzo de esta larga estación se llamó primo vere ‘primer verano’, y, más tarde, prima vera, de donde, finalmente, brotó nuestra primavera. Fue por entonces también que la época más calurosa, por oposición al hibernum tempus, tomó el nombre de veranum tempus, literalmente, ‘tiempo primaveral’, aunque de ahí, mediante elipsis del término contiguo, nace nuestro verano, como de la otra, por idéntica causa lingüística, surge invierno.

    Con todo, a pesar de este desmembramiento, la estación cálida todavía era más prolongada, hasta que, en cierto momento, su período final, correspondiente al tiempo de las cosechas, fue llamado autumnus, voz derivada de auctus ‘aumento’, ‘crecimiento’, ‘incremento’, que procedía, a su vez, de augere ‘acrecentar, robustecer’. El vocablo latino autumnus es el que se aclimató en nuestra lengua como otoño.

    De toda esta intrincada nomenclatura estacional —que lo fue más hasta el siglo XVI, pues vino a colarse, en el intervalo entre primavera y verano, el estío—, quedan vestigios en nuestra lengua. Cónfer, verbigracia, el adjetivo vernal, el cual se aplica con igual rigor al solsticio, para señalar 'verano', que al equinoccio, para señalar 'primavera'.

    Por cierto, ya que en estas de la etimología andamos: qué descriptiva voz esa con que adviene la primavera: equinoccio, donde equi- 'igual' y noccio 'noche', pues, por hallarse el Sol sobre el Ecuador, la noche dura igual que el día.

    Feliz primavera a todos.

    miércoles, 26 de febrero de 2014

    Machado, in memóriam

    Lo que tras el vídeo sigue fue escrito para mis alumnos en otro sitio. Lo traigo aquí ahora para, con ello, reparar el frío vacío que hace cuatro días provoqué justo en este rincón hiperespacial al no acudir a recordar a quien fuese mi primer poeta predilecto.

    Entre los recuerdos vividos en mi escolarización primaria, uno de los que guardo más vívidos es el de formar fila en el patio antes de entrar al aulario, mientras por los altavoces oíamos a Machado cantado por Serrat.

    Sin duda, llego cuatro días tarde aquí; pero mi conmemoración de Machado viaja siempre conmigo.



    «Todo pasa y todo queda,
    pero lo nuestro es pasar,
    pasar haciendo caminos,
    caminos sobre la mar».

    He aquí cuatro versos de Serrat, tan íntimamente ligados, en Cantares, a otros versos proverbiales de Antonio Machado, que diríanse machadianos.

    Este reciente 22 de febrero se conmemoraba el septuagésimo quinto aniversario del fallecimiento de este gran, enorme, poeta español. Son setenta y cinco años que han pasado y se nos han quedado, pese a que él nunca persiguió la gloria ni dejar en la memoria de los hombres su canción. Son setenta y cinco años que han pasado y se nos han quedado, acaso porque sí. Y acaso, llanamente, porque resulta ser cierto que todo pasa y todo queda, en especial donde los bosques se visten de espino.

    miércoles, 12 de febrero de 2014

    Continuidad de los parques

    Alejandra Karageorgiu (sin título).
    Pastel y lápiz sobre papel de color.
    5.ª Muestra Nacional del Foro de Ilustradores. Argentina.
    De vez en cuando, se puede dar con un escritor con el que uno aprende que la literatura puede ser distinta. Con Cortázar, uno puede ir más allá todavía y descubrir que la que puede ser distinta es la vida misma.

    Hoy se cumplen 30 años de la muerte del escritor y, para conmemorar la fecha traslapada parcialmente por el centenario del nacimiento, he querido traer aquí uno de sus cuentos —supongo que mi preferido—: Continuidad de los parques.

    En cierta ocasión, ya expliqué que hace ya demasiados años, siendo yo alumno de secundaria en manos de Salva, mi PROFESOR de literatura —así, con mayúsculas, pues a él debo el cosquilleo por la página impresa—, recibí, del entusiasmo de su lectura en voz alta, este relato de Cortázar. Tanto tiempo después, siendo yo ahora profesor de literatura —así, con minusculillas, para poder afrontar una posible comparación— lo he leído a mi vez en más de una ocasión, también en voz alta y dirigido a mis alumnos de secundaria. Gusto decir que es una narración que engancha. Y captar la atención del alumno no es tarea fácil en estos tiempos que corren, cuando menos si solo se va armado de lectura.

    Acaso sea por todo ello que, sin ser plenamente consciente, el cuento se haya ido convirtiendo en mi favorito.
    Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

    Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

    lunes, 10 de febrero de 2014

    Calambur especificativo y explicativo


    En España, el gran problema de la Justicia no está en los juicios que son paralelos; sino en los juicios, que son para lelos.
    Nos toman por tontos.