
Azarosamente, hace unas semanas fuime a dar de bruces internautas con el siguiente palabro:
hipopotomonstrosesquipedaliofobia. Y, en los últimos días, semejante
hipopotomonstruosidad del lenguaje verbal me aparece hasta en la sopa: en la sopa televisiva, en la conversacional, en la del aula... Alguna vez, por culpa mía, lo admito.
Supuestamente, o no, este espurio engendro léxico pretende ser el hipertrófico significante con el que dar cuenta de la aversión que determinadas personas experimentan ante la pronunciación de palabras supratetrasílabas —más exagerado resulta el límite silábico que establecen los
frikipédicos al definir este miedo irracional como
suspicacia psicopatológica a los megavocablos plusendecasilábicos—.
El DRAE no recoge el término —a Dios gracias carece de aceptación científica—; pero éste se halla incluido en numerosos glosarios de psicopatologías. De hecho, a esta fobia se la conoce también mediante una acertada reducción:
sesquipedaliofobia, que tampoco el DRAE recoge. De lo que sí da cuenta nuestro normativo lexicón es de diversas entradas de términos formados a partir del prefijo 'sesqui-' (etimológicamente, 'una unidad y media'), entre los cuales figura 'sesquipedal' ('de pie y medio de largo'), adjetivo que, ya hacia 1580, fecha de incorporación del neologismo, muy probablemente proveniente de la expresión horaciana 'sesquipedalia verba', desarrolló el significado de 'enorme'.
Hasta aquí, vale; pero, ¿y el resto de sílabas hasta llegar a trece? "Más madera!", como gritase Groucho.
Hipopoto nos lo quieren colar los de la Pérfida Albión lingüística con el sentido de 'grande'
¹. No obstante, el oyente, inconsciente pero sabiamente, sabe relacionar estas primeras cuatro sílabas con la ingente mole cárnica del simpático (sic) paquidermo fluvial. Y es que
hipopoto no es más que una infeliz amputación, una horrísona apócope
de 'hipopótamo', que, como es sabido, se trata del compuesto culto resultante de los lexemas ίππος , 'caballo' y ποταμός , 'río'.
Monstro, las dos siguientes sílabas, no necesita mayor explicación y, aunque cabe recordar que 'monstruoso' es también en castellano 'excesivamente grande', la acepción de 'contrario al orden de la naturaleza' supone todo un adelanto lexemático de lo que ha de ser finalmente el palabro resultante.
Y, para remate, fobia, que sí es acertado por cuanto nos remite a una aversión de naturaleza psíquica²; pero que parece llegar tarde a la secuencia: once sílabas tarde —diría— y tras las dos extrañas oes de apoyo final en los segmentos anteriores y un errático y gratuito enlace mediante el diptongo -io-.
No sé quién sería el aventajado que acuñó el término, pero injirió en él una buena dosis de cinismo. Puedo imaginarme la escena: el señor X sale de la consulta del psicólogo y se encuentra con su amigo, el señor Z, quien de inmediato se interesa por él. "Pues me ha dicho que padezco hipopoto..." Tras la cuarta sílaba, el señor X comienza a angustiarse, suda. El diagnóstico le está haciendo un flaco favor y no le sirve sino para empeorar. Prueba entonces a informar a su amigo Z con el acortamiento "sesquipedal..." Inútil; el acortamiento no lo es suficientemente. Acaso si, sencillamente, el señor X sufriese una sesqui...
NOTA: La posible historia del señor X es posible que algún día componga una secuencia en cualquier filme de Woody Allen. Mientras, a mí me recuerda a mi querida mami y su imposibilidad para informarme de su nivel de triglicéridos, lo cual provoca siempre, indefectiblemente, una refrescante situación de hilaridad entre nosotros. Pero, claro, mami no sufre de sesqui.
¹) En el portal de Fobias, por ejemplo, se recoge sin ambages esta bastarda acepción, la cual encuentra explicación en la entrada List of phobias de la Wikipedia inglesa, donde, al hablar de "hippopotomonstrosesquipedaliophobia", se dice according to the Oxford English, "hippopotamine" has been construed as large since 1847. ²) El mal de todo radica, sin duda, en el abuso que cometemos de la vastísima información que internet pone a nuestra disposición. Nos la tragamos y la asumimos indiscriminadamente, como si fuese la única posible y, cuando Wikipedia la sanciona, se convierte en poco menos que palabra de ley. O sea que si Google arroja 36.500 hipopotomonstrosesquipedaliofobias en tan sólo 24 seg. y Wikipedia le da asilo, resulta necesaria su existencia. Sin embargo, no debiese ser así. Hasta donde he sido capaz de averiguar, "hippopotomonstrosesquipedaliophobia" fue usado por vez primera como un acertijo con marcado sentido irónico en el episodio inicial de la serie de libros "Brainiac Series Five", los cuales están basados en el programa homónimo de TV, cuya ciencia suena siempre a cuchufleta (¿recuerdan la versión del canal Cuatro? Si no, piensen en El Hormiguero actual). Nótese al respecto cómo la famosa enciclopedia en línea —a la cual no quisiese denostar—, en su versión inglesa, no da entrada al término y se limita a recogerlo en su página List of phobias, bajo el epígrafe Jocular and fictional phobias, junto a otras extravagancias de la terminología psicoanalítica como la venustraphobia, 'fobia de la trampa de Venus', la cual se define, de acuerdo con un artículo publicado por BBC News, como 'miedo a las mujeres hermosas'. Qué horroroso horror, no me digan. Ojalá yo sufra de caliginefilia.